Sigo sin entender cómo pueden complicarse tanto las cosas cuando lo tenemos todo tan claro, o al menos cuando teníamos todo claro. No creo que seamos tan complicados para lo difícil que lo estamos haciendo. Digamos que soy de las que se raya la cabeza por cualquier tontería, porque cualquier tontería me la tomo a pecho, y eso es solo culpa mía. Soy de las que esperan que los demás se vayan a comportar como yo lo haría, y no, no lo hacen. Sigo echándome las culpas por esperar demasiado de los demás, que es mejor no esperar nada de nadie, porque es mejor sorprenderse que decepcionarse. Si las decepciones solo duelen porque nos llegan de los que menos esperamos. Dar todo por una persona y que te deje vendida a la mínima, ¿para qué? Al final se te quitan las ganas de hacer algo por alguien. Sinceramente me dan pena esas chicas que tienen mil amigas, pero luego en las malas están más solas que la una. Se perfectamente en quién confiar y en quién no, y eso solo se sabe con cagadas; las mismas que llegan por excesos de confianza.
Hay veces que pienso que no merezco como me tratan algunas personas, quiero decir, que si yo fuera la otra persona me valoraría más. Que no soy gran cosa, pero soy de las que si dicen que van a estar ahí, estarán. Pase lo que pase. He tenido amistades que aunque hayan acabado de la peor manera posible, saben que pueden contar conmigo, si lo necesitan algún día. La vida se pasa, los amigos de siempre se van olvidando poco a poco, solo quedará de ti el recuerdo que les dejes. Y me preocuparé de dejarles un buen recuerdo de mí, porque no tengo otra cosa. Desde bien pequeña soñaba con marcar, con dejar señal ahí por donde pasaba, como un famoso. Quería que la gente, después de haberme ido me recordara, para estar aunque no lo estuviera. Comprendí que no hace falta salir en la televisión para ser recordado. Que si dejas un poquito de ti en cada persona no te quedas vacía, que la buena gente te llena, más de lo que lo podrías hacer tú sola. Que se necesitan a las personas, que son las que cierran heridas y cicatrizan las marcas que han dejado otras. Y aunque esas otras ahora no merezcan la pena se las tiene que dar las gracias. Gracias por hacerte un poco más fuerte, por haberte demostrado a ti misma que eres mucho más fuerte de lo que pensabas. Ya que no somos fuertes hasta que no nos queda otra opción.
miércoles, 14 de enero de 2015
martes, 13 de enero de 2015
Martes y trece.
Hay días en los que no merece la pena ni levantarse de la cama. De estos días que ni el café de por la mañana te sabe bien. Sienta bien tener a alguien a tu lado, a alguien que te anime, que sea el motivo por el cual te levantes cada mañana con ganas de comerte el mundo, con ganas de ponerte guapa para que te vea bien, con ganas de sonreír desde que te levantas para que no te vea seria. Todo eso está bien hasta que comienzas a depender de ello. Porque, llega el día en el que serás incapaz de levantarte de la cama si esa persona ya no está. Los siempres no existen y al final soy siempre yo la que acaba perdiendo. Y no, no merece la pena llorar por causas perdidas pero hay veces que no solo somos capaces de desahogarnos de esa forma. El orgullo puede con todo aunque agradezco el amor propio que me tengo a mí misma. Por poco que sea. Me odié y me costó lo inimaginable decirte que te fueras pero no creo que hubiera podido haber hecho algo mejor. Que eso ya no era igual, que yo no era la misma y nadie vale tanto para cambiarme. Que prefiero levantarme de mal humor por las mañanas, mostrar una sonrisa amarga y un comentario sarcástico frente al espejo que las bonitas mentiras que solo salían de tu boca. Que eso de "ten a los amigos cerca y a los enemigos más aún" es mentira. Que cuanto más tiempo pasas con una persona mayor es el daño que te puede causar. Un mal rato se arregla escuchando un par de canciones, aunque cuando apagues la música todo siga igual. Supongo que me parece mentira lo efímero que fue todo, como pude pensar que todo eso era verdad si estaba viendo de lejos la hostia que me iba a dar. Ya me querré yo todo lo que tú no fuiste capaz de quererme. Porque no tardará en llegar el día en el que ya no piense en ti, el día en el que al recordarte no sienta un nudo en el estómago, que aún escuece, pero lo que escuece cura; o eso dicen. Porque tú no me cambiaste, sigo siendo la misma y aunque hoy no me apetece ni salir de la cama, mañana saldré con más ganas de comerme el mundo que ningún otro día en los que tú estabas a mi lado. Que no le debo nada a nadie, que si estoy donde estoy es por mí y ya va siendo hora de reconocerme el mérito. Todos merecemos ser queridos por alguien, pero no todo el mundo merece ser querido.
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