Sigo sin entender cómo pueden complicarse tanto las cosas cuando lo tenemos todo tan claro, o al menos cuando teníamos todo claro. No creo que seamos tan complicados para lo difícil que lo estamos haciendo. Digamos que soy de las que se raya la cabeza por cualquier tontería, porque cualquier tontería me la tomo a pecho, y eso es solo culpa mía. Soy de las que esperan que los demás se vayan a comportar como yo lo haría, y no, no lo hacen. Sigo echándome las culpas por esperar demasiado de los demás, que es mejor no esperar nada de nadie, porque es mejor sorprenderse que decepcionarse. Si las decepciones solo duelen porque nos llegan de los que menos esperamos. Dar todo por una persona y que te deje vendida a la mínima, ¿para qué? Al final se te quitan las ganas de hacer algo por alguien. Sinceramente me dan pena esas chicas que tienen mil amigas, pero luego en las malas están más solas que la una. Se perfectamente en quién confiar y en quién no, y eso solo se sabe con cagadas; las mismas que llegan por excesos de confianza.
Hay veces que pienso que no merezco como me tratan algunas personas, quiero decir, que si yo fuera la otra persona me valoraría más. Que no soy gran cosa, pero soy de las que si dicen que van a estar ahí, estarán. Pase lo que pase. He tenido amistades que aunque hayan acabado de la peor manera posible, saben que pueden contar conmigo, si lo necesitan algún día. La vida se pasa, los amigos de siempre se van olvidando poco a poco, solo quedará de ti el recuerdo que les dejes. Y me preocuparé de dejarles un buen recuerdo de mí, porque no tengo otra cosa. Desde bien pequeña soñaba con marcar, con dejar señal ahí por donde pasaba, como un famoso. Quería que la gente, después de haberme ido me recordara, para estar aunque no lo estuviera. Comprendí que no hace falta salir en la televisión para ser recordado. Que si dejas un poquito de ti en cada persona no te quedas vacía, que la buena gente te llena, más de lo que lo podrías hacer tú sola. Que se necesitan a las personas, que son las que cierran heridas y cicatrizan las marcas que han dejado otras. Y aunque esas otras ahora no merezcan la pena se las tiene que dar las gracias. Gracias por hacerte un poco más fuerte, por haberte demostrado a ti misma que eres mucho más fuerte de lo que pensabas. Ya que no somos fuertes hasta que no nos queda otra opción.
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